Sobre el agua:
[…] Fijaos como la mirada y el alma reposan ante un río, un lago o incluso un simple estanque. El agua es energía, es la sangre de la tierra. […]
[…] Incluso en mi desierto teníamos agua para beber, agua que era al mismo tiempo el símblo de la vida, sobre todo en el desierto. Cuanto más escasa es, más os dais cuenta de su valor. Para mí, hijo del oasis, el agua es sagrada y sufro realmente cuando veo que es profanada, contaminada, derrochada… […]
[…] El agua, que era símbolo de libertad ha habido que domesticarla y, para ello, apartarla de su vocación primera. […]
Pierre Rabhi. El canto de la tierra.
dimecres 31 de març de 2010
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